Cifras de horror

Francisco Santos

Francisco Santos

39.058. Escalofriante. Doloroso. Son las cifras de secuestro en Colombia durante los pasados 40 años. El 33 % (13.019) son atribuidos a las Farc. El 25 % (9.764), al Eln. Es el estudio más completo sobre un delito que hirió y aún hoy hiere a Colombia.

Las escandalosas cifras por fin muestran la dimensión de ese sistemático delito de lesa humanidad, lo que desmiente las declaraciones ligeras del fiscal Eduardo Montelaegre. Aterradoras cifras además que muestran un sesgo ideológico en el sector de los derechos humanos, que hoy se hace evidente. Este delito me tocó vivirlo. Es contra los ricos, decían y dicen muchos de los que trabajan en el sector, y por ello no hay que ocuparse del tema. La verdad, con excepción de País Libre, ninguna organización de derechos humanos en Colombia se ocupó jamás de este crimen.

Las cifras del secuestro explican varios fenómenos delincuenciales que marcaron a Colombia. El primero, el paramilitarismo. El secuestro es la madre del paramilitarismo y el padre es la ausencia de Estado. Esa madre tiene nombre: la guerrilla. El paramilitarismo nace con el secuestro de Marta Nieves Ochoa por el M-19 y la creación por los narcos del MAS (Muerte a secuestradores). Gacha y Escobar sofisticaron este mecanismo que luego se expandió por el crecimiento de la Farc y el Eln.

El secuestro se volvió una herramienta de desplazamiento que usaron las Farc para apropiarse masivamente de tierras en el Meta, Caquetá, Putumayo, Arauca y Vichada, y crear una estructura de control territorial y una base económica que les deja inmensas ganancias a través de testaferros. Años después, los paramilitares aprenderían esta práctica y la ejecutarían en otras zonas.

A estas cifras hay que agregarle el secuestro como forma de confinamiento y terror. Las pescas milagrosas que encerraron a millones en sus ciudades y generaron terror en las carreteras fueron una herramienta militar que les permitió mostrar un poder mayor del que tenían.

Las cifras de secuestro refuerzan la idea de un proceso de paz sin impunidad, con víctimas y con verdad. La familia Cuéllar, cuyo padre Luis Francisco, gobernador del Caquetá, fue secuestrado cinco veces y en la última degollado por la Farc, lo merece.

Casos como ese hay miles. La verdad y la justicia son fundamentales para que ese dolor se detenga. El proceso de paz es una oportunidad para cerrar ese capítulo con dignidad para las víctimas. Entrega de cadáveres de secuestrados desparecidos, petición de perdón con verdad de victimarios a víctimas y justicia para los primeros sería el inicio de esa verdadera paz.

No me hago ilusiones. Santos quiere el Nobel de Paz y las Farc el poder. Ambos necesitan ese negocio que armó Chávez con la canciller Holguín. Y las víctimas son un obstáculo. Por ellas, es que los colombianos queremos una paz sin impunidad.

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