Perdimos las ciudades

Francisco Santos

Francisco Santos

Perdimos las ciudades

Por Francisco Santos

Otro cambio en la cúpula de la Policía. Y en las regionales. Como los ministros en este gobierno las cúpulas son trompos de poner generando una gran inestabilidad en una institución que necesita de un liderazgo fuerte que reemplace el desgaste y la dañina omnipresencia del General Naranjo durante sus últimos años.

Lo sucedido con el general Fabio Alejandro Castañeda en la metropolitana de Cali es un ejemplo de la falta de visión, de liderazgo, de norte y de manejo que hoy hay en esa institución. Castañeda un general de dos estrellas, pidió la baja en febrero por físico cansancio. Sintió que había cumplido su ciclo. El alcalde y la sociedad en general le pidieron que se quedara tanto a  él como al Ministro de la Defensa. La razón: un hombre operativo que se aparecía día y noche en retenes, que trabajaba 24 horas al día con un compromiso total con la ciudad.

Los resultados no se daban con la velocidad que el esfuerzo mostraba. Cali tiene cerca del 30 por ciento de la criminalidad nacional y el alcalde, preocupado, planteó con Castañeda un aumento de pie de fuerza acorde a las necesidades. Pidieron mucha más policía judicial, 500 investigadores, más inteligencia y más policía de infancia y adolescencia. Nada de eso llegó. Lo que si llegó fue el ministro con el relevo pocos meses después de pedirle que se quedara.

No hay una verdadera política de lucha contra la criminalidad urbana. La policía va por un lado y la Fiscalía va por otro. El microtráfico envenena a nuestros jóvenes y la micro extorsión se expande por todas las ciudades. Los fiscales de las Uris y los jueces de garantías no alcanzan. Y la delincuencia cada vez más envalentonada le gana terreno al Estado.

Las ciudades en materia de seguridad viven un panorama lamentable que requiere de liderazgo y creatividad en el manejo del orden público. Liderazgo que obviamente no hay pues el Presidente está más preocupado por hablar con los delincuentes que de enfrentar esta epidemia. Aquí va mi receta para enfrentar este problema.

Primero, pasar la Fiscalía al ejecutivo y fusionar las policías judiciales en un ente que crezca, por lo menos el doble, y le sirva a la Policía y a la Fiscalía en todo lo relativo a la investigación. Segundo, poner un millón de cámaras en todo el país y que las ciudades paguen la operación. Tercero acabar con la inimputablidad de menores en casos de sangre o de delincuencia organizada. Cuarto, focalizar el personal y el esfuerzo necesario durante la próxima década para enfrentar la delincuencia organizada en Cali, Medellín y Bogotá. Con incrementos graduales no se logra el gran salto en seguridad. Quinto recuperar las redes de cooperantes en las ciudades y los lunes de recompensa. Sexto darle movilidad a la policía. Y séptimo, hacer microgerencia para medir logros y no delegar el seguimiento en materia de seguridad. El poder y el liderazgo deben centrarse en el palacio presidencial.

Con el actual gobierno esa batalla se perdió. Una Fuerza Pública desmoralizada y mensajes contradictorios dieron al traste con lo que se había ganado. Tocará esperar casi, un largo, año.

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